El cariño del Hogar me devolvió a la pintura | Patricio Soto – Residente Hogar de Ventanas

Muchas veces se afirma que las personas mayores se inclinan a recordar con mayor fuerza los acontecimientos ocurridos en su infancia. Y es posible que así sea. Al menos don Patricio (61) retomó ahora ya grande una afición que le enseñó su padre cuando niño: dibujar y pintar.

Tras una vida dedicado a ser maestro de la construcción, las circunstancias de la vida lo dejaron en la calle, donde vivió el rigor de no tener un techo donde cobijarse “Es difícil estar en la calle, no tener qué comer o dónde descansar el cuerpo”, comenta a la pasada. Mejor prefiere mostrarnos sus dibujos, que realiza desde octubre del año pasado, en el Hogar Nuestra Señora del Rosario de Fundación Las Rosas, en Ventanas (Puchuncaví).

Uno a uno va colocando sobre la mesa sus creaciones, donde priman figuras representativas, paisajes que parecen sacados de un sueño y muchos colores, que puede plasmar en cualquier superficie que cae en sus manos: cartulinas, maderas, cajas de cartón, etc. “Pintar me relaja, me conecta con mi mejor parte; esa donde no hay sobresaltos, tristezas ni malo ratos”, dice.

Al conocer su talento con los lápices y evidenciar la positiva la transformación que provocan en él, las directoras del Hogar estimularon su afición, e incluso organizaron una pequeña exposición con sus pinturas, las que pudieron ser apreciadas por las principales autoridades de la Fundación, que visitaron el Hogar. “Mi papá me enseñó a pintar cuando muy niño, en Villa Alemana. Hubo un tiempo malo en el que no lo hacía, pero gracias a la paz y amistad que recibo acá en el Hogar, me dan ganas de seguir haciéndolo”, cuenta con alegría don Patricio.

 

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