PADRINOS DEL HOGAR EN LA FLORIDA COMPARTEN SU EMOTIVA EXPERIENCIA – Fundación Las Rosas

PADRINOS DEL HOGAR EN LA FLORIDA COMPARTEN SU EMOTIVA EXPERIENCIA

CUANDO ACOMPAÑAR TRANSFORMA VIDAS

Hace más de una década, tres profesionales de la empresa C Group decidieron comprometerse con una causa que hasta hoy los sigue movilizando. Lo que comenzó como una forma de ayudar, terminó convirtiéndose en una experiencia profundamente transformadora para Lorraine, Magdalena y Jorge.

La psicóloga Lorraine Ritter comenzó en 2011 como voluntaria en el Hogar de El Bosque, donde conoció a don Elíseo, un residente que dejó una imborrable huella en su vida. «Era mi abuelo regalón. Se preocupaba del jardín y vendía plantas. Todavía tengo algunas que le compré. Su sencillez, su amor por la naturaleza y su espíritu me conquistaron el corazón», recuerda.

Con el cierre de ese hogar, Lorraine, junto con los ingenieros Magdalena Fernández y Jorge Marín continuaron su compromiso en el Hogar Cardenal José María Caro de La Florida, donde hoy vuelcan su cariño por los residentes. «Cada vez que voy al hogar siento que recibo mucho más de lo que entrego. Es un verdadero bálsamo para el alma», afirma Lorraine.

Los tres padrinos, junto al Director de Misión, Juan Carlos Silva, el Subdirector de Hogares, José Miguel Perloz y la Directora Técnica Administrativa del Hogar en La Florida, Karen Carrasco.

Para ella, la motivación es simple pero profunda: «Aportar un grano de arena para que quienes fueron un aporte a la sociedad puedan tener una vejez digna y feliz.»

La otra integrante de este trío de padrinos es Magdalena Fernández, quien también guarda entrañables recuerdos de los años compartidos con los residentes en la comuna de El Bosque… aunque su sensibilidad hacia las personas mayores nació mucho antes. «Tuve mucho cariño por mi abuelo cuando era niña y eso despertó en mí una especial cercanía con el envejecimiento y con la vulnerabilidad de la vejez», cuenta.

Con emoción, destaca el trabajo cotidiano de quienes cuidan a los residentes. «Me saco el sombrero con las cuidadoras de Fundación Las Rosas, con su enorme esfuerzo, empatía y compromiso». Para Magdalena, la realidad de la vejez interpela a todos. «Muchas de estas personas están muy solas y nosotros tenemos la fortuna y la bendición de poder hacerlas felices con algo tan sencillo como nuestra compañía».

Jorge Marín es el tercer integrante del grupo, unido por la misma convicción de servicio. En su caso, él tuvo la oportunidad de conocer y escuchar en su colegio al Padre Sergio Correa, primer motor de Fundación Las Rosas. “Él fue muy influyente en mi generación”, comenta. Desde hace ya unos años, los tres padrinos participan apoyando al Hogar de La Florida, visitándolo varias veces al año para conocer de cerca sus necesidades y buscar formas concretas de colaborar.

Las madrinas han hecho partícipes a sus familias de esta vocación de servicio al prójimo

Gracias a ese compromiso, han impulsado diversas iniciativas, como el financiamiento mensual de trasporte para llevar a los residentes a sus controles de salud, mejoras en la sala de kinesiología, la reposición de una campana de cocina en mal estado o el apoyo para reconstruir un muro perimetral que cayó tras los temporales que afectaron a la ciudad hace un par de años, entre otras iniciativas fraternas.

«Esta es una forma de hacer tangible la emoción que sentimos junto con los residentes. El cariño también puede transformarse en acciones concretas y muchas veces sencillas, pero significativas, como puede ser también regalar un libro o una madeja de lana para las señoras que tejen», explica Jorge.

«Si hay un sector de la sociedad que está desprotegido son ellos -agrega Jorge Marín-. A veces nos cuesta ponernos en el lugar de las personas mayores y tampoco existen muchas instancias para ofrecerles ayuda. Por eso, si nosotros podemos hacerlo, de una manera sencilla, sentimos el impulso de hacerlo de corazón. Ojalá más personas se sumen a esta hermosa causa», nos dice.

Los tres padrinos del Hogar Cardenal José María Caro, en La Florida, coinciden en que los vínculos que se crean con las personas mayores son difíciles de explicar e imposible de olvidar. Detrás de cada residente hay una historia, una vida de trabajo, sacrificios, alegrías y aprendizajes que merece ser escuchada y valorada. Porque acompañar no solo cambia la vida de quienes reciben apoyo, sino también transforma profundamente a quienes deciden tender una mano solidaria.

Hoy, ellos invitan a otros a dar ese paso. A convertirse en padrinos, voluntarios o Amigos de Fundación Las Rosas. Regalar tiempo, compañía y afecto y descubrir que, muchas veces, los gestos más sencillos son los que dejan la huella más profunda.