Testimonios

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PAOLA MUÑOZ, VOLUNTARIA

“El voluntariado profesional llena tu espíritu”

Paola Muñoz es Ingeniero Comercial de la Universidad de Talca y actualmente realiza un voluntariado profesional en la Dirección de Desarrollo de Fundación Las Rosas. Mientras trabajaba en una financiera, Paola comenzó a preguntarse cómo sería ayudar a otros desde su profesión.

“Me faltaba la parte humana y empecé a sentir la inquietud de desarrollarme profesionalmente en un espacio donde sintiera una satisfacción personal y emocional”, dice.

Paola, que vivió gran parte de su infancia y adolescencia en Linares, había conocido el Hogar Sagrado Corazón de Linares que Fundación Las Rosas tiene en esta ciudad, por lo que estaba familiarizada con la importancia del cuidado y acompañamiento de los adultos mayores, y con la misión de la institución.

“En mi colegio siempre íbamos a hacer actividades al hogar, como preparar cosas para comer, cantar y entretener a los abuelos, por eso cuando supe que existía la oportunidad de aportar desde mi experiencia y profesión, se conectó todo”.

Paola recomienda el voluntariado profesional porque es una experiencia positiva desde todo punto de vista: “Desarrollas tu trabajo, aprendes cómo se trabaja en una fundación y que cada aporte que hagas significa mucho, y además llenas tu espíritu. Pienso que quizás es buena idea darnos un break en nuestra carrera laboral para pensar dónde queremos ir y qué es lo que queremos realmente”, dice.

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LINA COVILLI, RESIDENTE HOGAR NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

“Me siento muy tranquila y acompañada en el hogar”

Lina Covilli tiene 84 años y es residente del Hogar Nuestra Señora de Guadalupe de Independencia. Antes de llegar a nuestra institución Lina residía en un hogar particular, pero no pudo seguir pagando el costo que le significaba estar ahí. “Cuando ingresé a Fundación Las Rosas, hace cuatro años, me di cuenta que no tenía nada que envidiarle a los hogares pagados”, dice.

Lina tuvo que dejar su casa luego de sufrir un accidente cardiovascular que la dejó en silla de ruedas, ya que su marido trabajaba y no había nadie que pudiera darle la atención que necesitaba durante todo el día. No tuvo hijos con su marido, ya fallecido, y hoy sus visitas son muy escasas porque sus hermanos también son adultos mayores y es muy difícil para ellos poder verla.

Lina se caracteriza por ser una gran lectora y escritora de cuentos y novelas. Es común verla en los pasillos del Hogar Nuestra Señora de Guadalupe con un libro en sus manos o conversando con otros residentes porque eso la mantiene vital y activa. “Tuve una vida muy bonita y estoy segura que va a terminar feliz como siempre lo imaginé. Me siento muy tranquila y acompañada aquí en el hogar”, cuenta.

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FRANCISCO QUIROGA, VOLUNTARIO CLASES DE COMPUTACIÓN

“Me encanta enseñarles nuevas herramientas para comunicarse”

Aprender a comunicarse a través de la tecnología es muy importante. Bien lo saben dos de los voluntarios que han realizado clases de computación y tecnología en los Hogares Santísima Trinidad de Santiago y Cardenal José María Caro de La Florida.

Francisco Quiroga, Ingeniero de profesión, convoca cada sábado a las residentes del Hogar Santísima Trinidad a un taller donde han aprendido lo que es el computador y cómo funciona, además de escribir correos electrónicos y cuentos. “Ellas se mostraban muy curiosas e interesadas. Comenzamos poco a poco a escribir, partiendo por unas simples palabras. Actualmente las abuelitas escriben cartas y cuentos en los computadores y el plan es comenzar a navegar por internet en las próximas sesiones”, dice.

Juan Gómez, Asesor en Informática y Servicios Tecnológicos, realiza el taller “Comunicaciones Electrónicas” en el Hogar José María Caro, un nombre puesto intencionalmente para evitar “asustar” a los potenciales interesados con la palabra “computación”, aclara. El objetivo es el mismo: que aprendan a comunicarse a través de internet comprendiendo el mundo de los dispositivos de comunicación actuales.

“La experiencia de compartir con los abuelos no tiene precio, es de lo mejor que me ha pasado en la vida, reencontrase con lo mejor de uno mismo”, dice Juan.

Opinión que comparte Francisco, “Lo que más me gusta es enseñarles a utilizar un medio de comunicación nuevo. Muchas de ellas han enviado correos electrónicos a familiares o amigos. ¡Una abuelita incluso empezó a enviarse correos electrónicos con su hermana en Canadá! Es una actividad que llena el corazón propio y el de las personas que uno acompaña”, agrega Francisco.

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PAYO SÖCHTING, MURALISTA

“Con el voluntariado ganas en energía y experiencia”

El reconocido muralista chileno Payo Söchting participó durante los últimos meses de 2015 en el Proyecto Murales de Fundación Las Rosas, diseñando y pintando piezas de arte para el Hogar San Carlos de Recoleta junto a un grupo de voluntarios que apoyaron este trabajo.

El diseño contempló coloridas imágenes que mostraban un paisaje exterior, “como si fueran ventanas hacia el mundo”, dice el artista. Tanto les gustó a las abuelitas de este hogar, que fotocopiaron el bosquejo para poder pintarlo ellas mismas y participaron durante todo el proceso “dando su opinión, hablando con nosotros, eran súper cariñosas. Al final me entregaron un recuerdo con la figura de un pintor”.

Para Payo, ser voluntario es una invaluable experiencia que permite ayudar desde los propios talentos y además encontrar inspiración. “Fue muy bonito darse cuenta de que las abuelitas están súper vigentes y que no hay que dejarlas olvidadas, ellas se me acercaban siempre a ofrecerme galletas, a conversar, y una de las mejores cosas que uno puede hacer es acompañarlas. Además, saber que el mural está en un lugar donde siempre lo van a cuidar es muy valioso”.

 

Testimonio Fernanda Trejo
FERNANDA TREJO

“La experiencia como voluntaria superó mis expectativas”

Como parte de la formación del colegio San Francisco Javier de Huechuraba, las alumnas de tercero medio realizamos una actividad que consiste en vivir y ser parte de la realidad de una Fundación. En esta oportunidad teníamos que quedarnos durante cinco días como voluntarias al interior de Fundación Las Rosas en el Hogar 3 de mujeres.
“Mi experiencia como voluntaria superó todas las expectativas. Nos levantábamos a las 8 de la mañana, íbamos a la cocina para preparar todo lo necesario antes del desayuno, íbamos a buscar a las abuelas, las sentábamos, les prestábamos atención para ver si necesitaban algo, les servíamos el té de la mañana, retirábamos las cosas de las mesas, limpiábamos todo lo que fuera necesario y las dejábamos en los lugares que ellas preferían estar.
Luego cuando era el momento las llevábamos a misa y luego a almorzar, si para esto necesitaban ayuda, ahí estábamos.
Apoyábamos a las auxiliares en todo lo que podíamos, en su trabajo continuo, porque ellas justamente son las que hacen todo este maravilloso trabajo”
Mi experiencia acá me sirvió para sacar prejuicios que uno puede tener sin conocer la realidad. Los abuelos son súper amables, abiertos y les agrada que compartan con ellos. El cuidado que les dan es de verdad.

 

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CRISBETH RODRÍGUEZ

“Tengo una petición especial para mis amigos en el día de mi cumpleaños”

Hace un tiempo decidí que debía comenzar a equilibrar un poco mi vida. Antes todo era mucho trabajo y me faltaba esta parte emocional, para volver a acercarme y encantarme con las obras sociales como lo hacía cuando estaba en el colegio.

Soy venezolana, voy a cumplir cuatro años viviendo en Chile y quise celebrar mi cumpleaños de una forma que me enriqueciera el alma. Motivada cien por ciento con mi decisión les hice llegar un correo a mis amigos con la invitación a mi cumpleaños, pero esta vez decía…”tengo una petición especial para mis amigos. Hoy tengo salud y una familia y con la ayuda de ustedes me gustaría hacer un cumpleaños compartido con la gente de Fundación Las Rosas”. Les envié una lista con los artículos más necesitados.

No lo tomaron extraño para nada, recibí correos magníficos, diciendo sobre todo “gracias por hacerme participar de esto”. Todos estaban súper emocionados.

El día de mi cumpleaños cada uno trajo su colaboración, disfrutamos de una fiesta como siempre y todo con un ambiente muy enriquecedor porque nos abocamos a los abuelitos de Las Rosas.

Mi consejo para otros quienes deseen seguir mi ejemplo es poder transmitirles que las ideas mueren en casi el 90 por ciento de su nacimiento, es necesario tomar la ayuda y llegar a un hogar de la Fundación. Simplemente porque la calidez de las manos de los abuelitos de aquí, te puede quitar cualquier depresión y desanimo y ahora que vine y comparto esta experiencia me impulsa nuevamente a seguir colaborando.

Sandra y Rafael
Rafael y Sandra

“A una ceremonia que en sí misma es bella y simbólica, quisimos darle una dimensión solidaria”

Rafael y Sandra, quienes ya tenían una casa amoblada antes de su matrimonio, decidieron que los aportes, que generosamente les hicieran llegar sus invitados, fueran destinados a contribuir económicamente con el cuidado de los adultos mayores más pobres y desvalidos.

“Optamos por Fundación Las Rosas, luego de escuchar al Padre Andrés en una entrevista radial. Nos sensibilizamos al comprender que los adultos mayores no son prioridad en la agenda, no se valoriza su aporte a la sociedad, dado por su experiencia y sabiduría y la urgente necesidad de políticas públicas para enfrentar una realidad que en alguna medida nos tocará a todos. Esperamos haber ayudado con nuestra donación para que otros tomen nuestra iniciativa como un ejemplo de solidaridad”.

 

Sra. Esmeralda
Esmeralda Bravo

“Tomamos el compromiso de dar lo mejor de cada una para acompañarlos hasta sus últimos días”

Quien lleva cuatro años trabajando como auxiliar en el Hogar Madre de la Divina Providencia de Independencia, enfatiza que para este trabajo es necesario tener vocación.

“Para mí la mejor retribución es el constante agradecimiento de los residentes con una palabra o un gesto de cariño. En este Hogar, los abuelos dependen mucho de nosotros para levantarse, acostarse y bañarse, pero también somos parte de sus pequeños logros en las terapias, recordamos sus historias y los escuchamos”.

Cuando pueden los llevan al supermercado para que no se olviden de los lugares, sepan cómo suben los precios y vayan así ejercitando su memoria.

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