Nuestro fundador

Monseñor Sergio Correa

Nacido el 8 de febrero de 1915, fue el tercero de cuatro hermanos. Realizó sus estudios en el Colegio de los Padres Franceses de la Alameda, a los 15 años sintió un fuerte llamado a ser sacerdote, ingresando al seminario el 15 de agosto de 1930.

Estudió Teología en la Universidad Católica y fue ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1939. Durante 11 años fue párroco “en un pueblo maravilloso que guardo en mi corazón: Isla de Maipo”. Luego fue trasladado a Santiago, donde ofició de párroco en diferentes comunas de la capital: San Nicolás de Tolentino, Parroquia del Buen Pastor, Divina Providencia, Basílica del Salvador, San Pedro de Las Condes y San Ramón de Providencia. Fue antes que todo Pastor, dejando una huella profunda entre sus feligreses. Formó grupos de jóvenes, de novios, de matrimonios, de viudos y también son numerosos sus hijos espirituales, hoy sacerdotes.

Cuando desempeñaba el cargo de Director Arquidiocesano de Cáritas de Santiago conoció la Fundación de Ayuda Fraterna, que construía su primer hogar para ancianos, iniciativa que lo cautivó. En 1972 se hizo cargo de su dirección junto a un grupo de laicos, y con el nuevo nombre de Fundación Las Rosas de Ayuda Fraterna se convirtió en una de las principales instituciones al servicio de la ancianidad desvalida y en la gran obra de su vida, siempre bajo la inspiración de la Santísima Virgen María.

Un “hogar” cristiano para los ancianos

En Fundación Las Rosas el Padre Correa pasó 30 importantes años que lo marcarían para siempre. “Aquí se viven momentos inauditos de alegría y emoción que nos entrega la Santísima Virgen María a diario. Siempre repito la misma frase: ‘no hay nada, pero alcanza para todo’, y no es una frase piadosa, porque realmente uno no explica cómo siempre llega la ayuda cuando más se requiere”, afirmaba.

El Padre Sergio siempre tuvo la preocupación de que en cada uno de los hogares los abuelos se sintieran cómodos, que nada les falte y por sobre todo, que se viviera el mandamiento del amor: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y al prójimo como a ti mismo”. Y para él, el amor a Dios se practicaba haciendo sonreír y llevando esperanza al anciano desvalido.

Don Sergio impulsó una profunda vida espiritual en los hogares, invitando a sacerdotes a ser capellanes de los hogares y a comunidades religiosas a colaborar en la acogida y atención de los adultos mayores. Visitaba regularmente todos los hogares, haciéndose querido y admirado por todos quienes lo conocieron, y le permitía cumplir con lo más importante: llevarlos a su encuentro con el Señor.

Desde sus inicios infundió un gran espíritu de oración y de caridad responsable y concreta, tanto en los hogares como en los voluntarios y bienhechores, para dar una esperanza y vida digna a quienes, muchas veces, lo habían perdido todo. Monseñor Sergio Correa, fue un sacerdote muy querido y respetado por todos. En sus 68 años de ministerio sacerdotal, encontró en la celebración diaria de la Santa Misa el alimento y la fuerza del amor de Cristo para ponerse al servicio de los adultos mayores más pobres y desvalidos del país.

Monseñor Correa confiaba en la intercesión de la Santísima Virgen, a quien rezaba diariamente su Santo Rosario. Permanentemente ideaba nuevas formas para invitar a todos a concretar la caridad en esta obra. “Mi oficina queda muy cerca de la entrada y me ha tocado ver cómo llegan ancianitas apuntaladas por dos personas y en el umbral reciben una frase terrible: no hay lugar. Es esta frase la que me impulsa a no ponerle puertas a esta obra y si la Virgen me entrega las llaves, seguiré formando hogares. ¿Cuántos? Los que quiera ella. Cada día nuestra Madre solicita abrir más puertas, para paliar más y más dolor, abandono y tristeza”, expresaba. Así fue como fundó los  31 hogares que mantiene la Fundación y que acogen a 2.250 ancianos.

Murió el 24 de diciembre de 2007. Sus restos descansan en el Santuario a María Santísima de Fundación Las Rosas, testigo de su generoso y abnegado ministerio, a los pies del altar del Sagrado Corazón, como un testimonio de la caridad de Cristo en medio de nosotros.

Gran motor de Fundación Las Rosas, el Padre Sergio Correa se entregó por entero al servicio de los ancianos más desvalidos del país, siempre teniendo a la Santísima Virgen como inspiradora y modelo a seguir.

 

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