8 de agosto, Día del Niño

Escuchando la voz de Dios a través de los más pequeños


Una abuela que comparte con su nieto le pregunta: ¿me quieres?, a lo que el niño responde afirmativamente. La mujer le consulta: ¿y por qué me quieres? El nieto le contesta: ¡Porque me das muchos besos!
¡Cuánto tenemos que aprender del amor simple e incondicional de los niños! Pues, al igual que los mayores transmiten su experiencia y sabiduría a los más pequeños, nosotros también debemos estar atentos para escuchar a través de ellos lo que el Señor nos quiere decir.  Por medio de sus respuestas sencillas nos habla Dios, nuestro Padre, cuando nos ve inquietos por la complejidad de este mundo.
Estemos alerta para descubrir en la simplicidad de un niño la voz del Señor cuando nos habla, pues la simplicidad y la hermosura están íntimamente unidas. El mismo San Agustín, exclama "Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva...tarde te amé. Tú estabas dentro de mí...y yo fuera...y por fuera te buscaba".
En este tiempo, aprendamos a escuchar a Dios que nos habla a través de las travesuras y el amor puro y verdadero de los niños.  

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