SEMANA SANTA Y SENTIDO DE LA VIDA


Ya viene la Semana Santa y nosotros, que durante el tiempo de Cuaresma nos hemos preparado acompañando a Jesús en el desierto, nos aprontamos a vivir estos días santos con profundo recogimiento y entrega, reflexionando desde la mirada del adulto mayor, sobre la relación que hay entre la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor y el sentido de nuestra vida.

Para ello, contemplemos con los ojos de la fe a Cristo clavado en la Cruz. Desde allí, Él nos muestra dramáticamente cuál es el sentido de nuestra existencia, sacudida por las preocupaciones materiales de hoy. En este sentido, tres aspectos pueden resumir nuestra contemplación reflexiva y amorosa: el sentido del sufrimiento y del dolor, el de la muerte y, finalmente, la esperanza y el sentido de la resurrección.

Ante todo, es fundamental entender que el sentido de nuestra vida, en último término, es un misterio de amor infinito de Dios hacia todos los hombres.

Sobre el sentido del dolor y sufrimiento humanos, al fijar nuestros ojos en el Crucificado nos preguntamos ¿qué mal pudo cometer para padecer maltratos, torturas y humillaciones cuando Él sólo hizo el bien a los demás? La fe nos responderá: sufrió para salvarnos. Jesucristo cargó sobre su cuerpo y su alma todos nuestros pecados y los tormentos que han provocado. Su pasión y muerte nos libera de la esclavitud del pecado y de la tiranía de muerte, pues son derrotados para que triunfe la vida.

Cristo muestra en carne propia al sufrir los dolores de los hombres de todos los tiempos, que para lograr algo importante en la vida hay que estar dispuesto a sacrificarse y arriesgar las seguridades. Él nos dice: " Si el grano de trigo no cae en tierra y no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto" (Jo. 12,24). Sin Cruz no hay salvación.

Acerca del sentido de la muerte, en la última cena, horas antes de ser ajusticiado con la pena reservada a los grandes criminales, Jesús dijo a sus apóstoles: "No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos" (Jo.15, 13). Cuando hay amor verdadero, uno está dispuesto a entregar la vida por el ser amado. La grandeza de nuestro amor se mide por el amor, el perdón y el servicio hacia todos los hombres. Si hemos actuado así, enfrentaremos con mayor serenidad nuestra propia muerte, pues hemos tratado de seguir los pasos de Jesús por el camino de la Cruz, que no es otro que el camino del amor y del sacrificio en favor de la vida

Respecto del sentido de la resurrección y de nuestra vida después de ella, la fe en la Resurrección del Señor nos garantiza que cuantos lo han seguido en el camino de la Cruz hacia su muerte, también participarán de la victoria de su gloriosa Resurrección en la morada del Padre. Jesús prometió a sus discípulos: "Después que yo haya ido a prepararles un lugar volveré a buscarlos para que donde yo estoy, estén también ustedes" (Jo.14, 3). También nos dijo: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque esté muerto vivirá" (Jo.11, 25).

Estimados amigos, que estas sugerencias para la Semana Santa, ayuden a reavivar nuestra fe y esperanza y enciendan nuestros corazones para asumir con amor y alegría los sinsabores de esta vida, teniendo nuestra vista puesta en el Resucitado.
 

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