Valdivia se emociona con Cena de Pavo Fraterno 2017

El evento contó con el apoyo de más de 25 empresas, las que entregaron una contribución que permitirá cubrir las necesidades de atención de las 102 personas mayores que viven en el Hogar Padre Pío de Valdivia

En coherencia con los temas que hoy inquietan a la ciudadanía, la celebración de la 6ª versión del Pavo Fraterno de Fundación Las Rosas en la ciudad de Valdivia estuvo marcada por el recogimiento y la reflexión. Como cada año, Iglesia, sociedad civil y el sector privado fueron convocados a este encuentro cuyo propósito es recaudar fondos y agradecer, desde el corazón, a las empresas y amigos que colaboran con los 102 adultos mayores que viven en el Hogar Padre Pío de Valdivia.

La jornada contó con la presencia del capellán de Fundación Las Rosas, Padre Andrés Ariztía; el presidente del Consejo Regional de Fundación Las Rosas, Helmut Huber; el presidente del directorio de la Fundación Oportunidad Mayor, Nicolás Ibáñez; colaboradores de la Fundación Las Rosas a nivel nacional y regional y residentes del Hogar Padre Pío.

El encuentro se prolongó por más de tres horas, tiempo en que los asistentes pudieron conocer el trabajo que realiza la fundación en Valdivia y la realidad de los adultos mayores más pobres y desvalidos de la Región de Los Ríos, al tiempo que disfrutaron de una exquisita cena, ayudando a quienes más lo necesitan.

En el Hogar Padre Pío de Valdivia viven 102 adultos mayores, cuya edad promedio es de 85 años. De ellos, solo un 6% es autovalente. Todos los demás muestran algún grado de deterioro físico o mental, teniendo en promedio ocho patologías, muchas de ellas crónicas en calidad de hospitalización, como diabetes, hipertensión, demencias, Alzheimer, trastornos visuales y auditivos y accidentes vasculares. De ahí la necesidad de contar con el trabajo colaborativo de personas, instituciones y empresas, las que con su tiempo, dinero y oración hacen posible cumplir con la misión de la Fundación.

Palabras del Capellán

Antes de comenzar la cena, el Capellán de Fundación Las Rosas, Padre Andrés Ariztía, removió los corazones de los asistentes, con un emotivo relato, que incluyó sus vivencias personales con los adultos mayores de la institución.

Habló de don Luis, un anciano de 85 años, que llegó a un hogar de la Fundación luego de estar mil días abandonado en un hospital público. “Llegó lleno de escaras, el cuerpo atrofiado y la mirada perdida. Lo bañamos, le cambiamos ropa, lo acostamos en una cama con sábanas limpias, le dimos una sopa. Dos días después se murió… Claramente, estaba esperando tener dignidad para partir”.

También contó la historia de Paola, la cuidadora que le enseñó que era posible entenderse, sin palabras, con aquellos que padecen enfermedades mentales como la demencia  y el Alzheimer. “Ese es el el milagro de la Fundación. La posibilidad de tener un mejor vivir y un buen morir. Por eso decimos que somos la Antesala al Cielo”, señaló.

Se refirió asimismo al abandono del que son víctimas los residentes. Contó que solo un 20% de los residentes de Fundación Las Rosas recibe visitas en forma habitual. Muchos de ellos, pese a tener familia, hijos, hermanos, nietos, son abandonados. “Para terminar con eso, o al menos mejorarlo, estamos trabajando en la puesta en marcha de un modelo que busca involucrar a la familia con los residentes. Estamos creando canales de información para que los familiares conozcan el trabajo que realizamos, el cuidado que le entregamos a los residentes en términos de alimentación, salud, terapias ocupaciones, kinesiología y apoyo espiritual, para que entiendan lo necesario que es que se mantengan involucrados en el envejecimiento de sus seres queridos”.

Al terminar, invitó a los asistentes a “darle un final feliz a la colusión del papel higiénico”, donando los $7 mil de la devolución a la Fundación Las Rosas. “Estimo que aquí hay unas 250 personas. Si cada uno de ustedes donara sus $7 mil e invitara a otros tres a hacerlo, podríamos ayudar a financiar alguno de los tantos proyectos que tenemos en carpeta, como levantar nuevos hogares, construir un centro geriátrico de alta complejidad, mejorar la infraestructura de los hogares más deteriorados y, lo que es más importante, darles a nuestros residentes la atención y los cuidados que se merecen”.

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