“El Hogar es mi segunda casa” | María Mireya Retamal. Auxiliar

MARÍA MIREYA RETAMAL CONSTANZO llegó a trabajar en la Fundación el 18 de agosto de 1987, día de San Alberto Hurtado. “Yo no sabía que esta obra existía y llegue aquí por medio de un familiar del padre Correa a quien auxilié”, comenta, recordando que lo conoció personalmente y pudo percibir en carne propia el afecto que sentía por los ancianos, particularmente los más desvalidos. Son 30 años de “una labor exigente pero muy gratificante porque hago de los residentes mi familia”. Crió a sus dos hijos en el Hogar, al cual reconoce como su segunda casa. “Aquí, yo me he hecho”, sostiene muy decidida, elogiando la buena comunicación y el excelente ambiente de trabajo. Lo que más le ha impresionado en estos años de actividad es el abandono al que muchas familias someten a sus ancianos: “Yo trato de suplir esa soledad que me interpela; quedé sin mamá desde los tres años y aprendía a valorar la compañía de los familiares”. Le alegra darles el alimento, manifestarles que los quiere, tenderles la mano para lo que necesiten. Reconoce que eso lo puede hacer porque Dios le da fuerzas y la alegría, “sin la cual no podría hacer nada”. María ha logrado descubrir que la verdadera alegría también nace del dolor. La Bienaventuranza está escondida, como un precioso tesoro oculto, en el amor y servicio a los más necesitados. Su mayor deseo es que la Fundación cuente con los mejores y más modernos equipos e infraestructura para el bien de los abuelos que tanto se lo merecen.

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